AIRES CONDICIONADOS

1 de Septiembre del 2008 a las 9:12 Escrito por Jaime Aguilera

Enfermedades como el resfriado o la faringitis han dejado de ser “de temporada”. Ya no acuden solícitas al irónico abrigo del frío invierno: ahora también están presentes en la moda primavera-verano de la época estival.
 Y todo gracias al invento diabólico de los aires acondicionados. Recuerdo que hace años, en los Estados Unidos, cada vez que entraba a un restaurante tenía que abrigarme si estaba en septiembre, o desnudarme si había en la calle una nevada de varias pulgadas. La cosa era demostrar el poderío yanqui de doblegar al termómetro de la naturaleza y, de paso, derrochar energía a raudales.
 Incluso en la no tan boyante Argentina no podía disfrutar de los buenos aires de Buenos Aires por culpa de los aires sofisticados y artificiales de potentes máquinas.
 Pues bien, como toda epidemia, esa necesidad de vivir “contra natura” también se ha extendido a la piel de toro. La gente tiene que ponerse la rebeca, en pleno julio, en el cine o en la oficina. Hasta el gobierno ha tenido que regular la temperatura dentro de los edificios públicos para que sea más razonable.
 Somos tan estúpidos que hacemos un esfuerzo energético en conseguir ambientes contrarios a nuestro bienestar físico, y, valga la redundancia, al propio medio ambiente.
 Nuestras madres nos decían que de pequeños que nos cuidáramos de las corrientes; ahora resulta que también nos tenemos que cuidar de aires que, más que acondicionar nuestra calidad de vida, lo que consiguen es condicionar nuestro bolsillo y, sobre todo, nuestra frágil salud.

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174 Comentarios

  1. Fernado Correas dijo:

    La Muerte forma parte de la vida y no podemos huir de ella.
    ¿De que sirve tenerle miedo si tarde o temprano vendrá a buscarte?
    Conocer la fecha de tu muerte te da una ventaja, prepararlo todo, despedirte dejar las cosas en su sitio.
    Si eres “novio de la muerte” le tendras poco miedo, amarás a la muerte como parte de la vida.
    Nuestra cultura impulsa a que le tengamos miedo a ella, a arrinconarla, olvidarla (en cementerios descuidados pero bellos) como si le ocurriese a los demás y no a mí ni a los míos. De ahí lo dramático de la sorpresiva muerte de los que nos rodean.
    No lo querreis escuchar pero nos veremos morir unos a otros, si no es uno el que se va primero.
    Tu veras a tu mujer o ella te verá a ti ¿de que sirve huir de todo esto? ¿que mas te da saber la fecha?
    Le dije a mi mujer y le digo a todos que si alguna vez me diagnostican con una fecha, que me lo digan…..Creo que es mas digna así mi muerte que fingir que no lo sé, viendo como mis seres queridos aparentan con su cara-fachada que me voy a curar mañana y yo con una sonrisa falsa que me lo creo (cuando la mayoría sabe que se va a morir), viendo o escuchando las lágrimas y sollozos a escondidas que inevitablemente se escapan.
    YO NO QUIERO ESO.
    no les habré dicho “adios” y me he voy sufriendo.

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