PEDALEANDO PENSAMIENTOS

27 de Octubre del 2020 a las 11:08 Escrito por Jaime Aguilera

Pensamientos: La Tarde con Mariló Maldonado, Canal Sur Radio

Voy en bicicleta durante horas, solo. Y pedaleo pensamientos. Pienso en mi maestro Isidro, al que también le gustaba pedalear pensamientos. Pienso y parafraseo al filósofo Nietzsche cuando decía que los grandes pensamientos no se piensan, se pasean:Y yo pienso y matizo al mismísmo Nietzsche: los grandes pensamientos no se piensan, se pedalean. Pienso en la belleza de un árbol en otoño, pienso en la suerte de estar con vida, pienso, luego existo, pienso en el próximo pensamiento para la radio, pienso en dónde voy a desayunar, pienso, y pienso, y pedaleo muchos pensamientos, muchos, tantos que incluso a veces pienso en no pensar en nada…

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BESANA Y SEMENTERA

17 de Octubre del 2020 a las 20:31 Escrito por Jaime Aguilera

Pensamientos: La Tarde con Mariló Maldonado, Canal Sur Radio

 

 Las palabras son seres vivos: nacen del vientre de una lengua madre, después se reproducen al extenderse su raíz y sus derivadas, y lo peor es que con el tiempo algunas de ellas mueren porque ya no se usan, apartadas y destronadas por la usurpación de sus hermanas bastardas extranjerizantes, o simplemente mueren porque por el devenir de los tiempos dejan de pronunciarse, y ya se sabe que si no se nombran, al igual que ocurre con nuestros seres queridos, dejan de existir, y desaparecen definitivamente en la muerte injusta del olvido.

Por eso cada vez que comienza el otoño escribo, digo, o aprovecho para decir por la radio dos palabras: besana…, y sementera. Dos palabras que me llevan a mis paisajes del alma, al campo, y sobre todo a mi padre. Es tiempo de preparar la tierra marcando el labrador, orgulloso y mirando al horizonte, el primer surco que marcará la dirección de la ariega… Es tiempo de besana y sementera…

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PONGAMOS QUE SOMOS DE MADRID

8 de Octubre del 2020 a las 17:20 Escrito por Jaime Aguilera

Publicado en Tribuna de Diaro Sur el 8 de Octubre de 2020

 https://www.diariosur.es/opinion/pongamos-madrid-20201008001105-ntvo.html

 

 

  

En la lluviosa y difícil primavera del confinamiento Madrid lo pasó mal, muy mal, le robaron, como a muchos más, su mes de abril: una rápida expansión de la epidemia hizo que su red sanitaria colapsara, que más que nunca “la muerte viajara en ambulancias blancas”, hasta el punto de que IFEMA, todo un símbolo del Madrid abierto y cosmopolita, terminara convertido en hospital de campaña; hasta el punto de que el Palacio de Hielo, todo un símbolo de la diversión abierta a todos de par en par, terminara convertido en morgue improvisada.

Y sin embargo no faltó quien aprovechara la ocasión para clavar un aguijón que solo puede nacer desde el odio más furibundo: como la política catalana Clara Ponsatí, que culminó su defensa de un aislamiento total de la capital, según ella cuna de todos los males, jugando de forma nada afortunada con la famosa expresión “de Madrid al cielo”.

Y cuando pensamos que toda aquella pesadilla había terminado, la segunda ola lleva de nuevo a Madrid a una situación desesperada, a un segundo confinamiento en la práctica. Y otra vez llega un político, nada más y nada menos que un presidente de una comunidad autónoma vecina y hermana, y se refiere a Madrid, a este Madrid de la segunda ola, como el origen de todos los males, el origen de una “bomba radioactiva vírica”.

Pues bien, a todos ellos, a todos los que aprovechan la desgracia ajena para descargar sus odios (ojo, y sus complejos), les digo que ellos sí que son una odiosa minoría, porque somos muchos más, miles y miles, puede que millones, los que nos sentimos madrileños aunque no nos hayamos criado allí: porque todo aquel que haya vivido un tiempo en “el foro”, “con los gatos” y los no gatos, en Chamberí, “donde los perros dicen güaus”, desde el primer momento se siente uno más, un madrileño andaluz más, otro gallego madrileño que se suma. Porque lo bueno que tiene ser o sentirse madrileño, es que Madrid siempre se deja la puerta abierta a la doble nacionalidad; de ahí que los “28 de febrero” que recuerdo con más cariño son los que viví en Madrid, con los jerezanos invitando a fino a los demás y yo aportando mi botella de Málaga Virgen.

Su condición de ciudad abierta, “allá donde se cruzan los caminos”, sin duda ha contribuido a la expansión del virus, y quizás ahora toca plegar velas y encerrarse en la cueva hasta que pase la tormenta; pero después Madrid tiene que, debe, volver a ser Madrid, porque esa la esencia de su ser, la mezcla de lo castizo con lo cosmopolita, de la capital con las provincias, de todo lo peor y todo lo mejor, de todo de puro y lo misceláneo. Ahora, a los que viven allí y a los que siempre queremos volver nos toca quedarnos en casa o guardar la maleta. Pero esto solo debe ser un forzado paréntesis, más pronto que tarde estaremos todos, de todo el mundo y de todas “las provincias”, paseando de nuevo por “Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal”, dejándonos llevar con la indolencia de “un africano por la Gran Vía” arrastrado por un sinfín de gentes de todos los lugares y de todas las condiciones.

Porque para ser, para sentirse madrileño, a nadie se le exige un carnet, una afiliación, un determinado “rh” o un retahíla de apellidos que demuestren su pureza de sangre. Para ser, para sentirse madrileño, sólo se exige llegar, ver y vencer, dejarse abrazar por sus atardeceres rojos, sus arbóles caducos, su viento frío y seco de la sierra y su agua de Lozoya: no hay que hacer ni presentar nada, sólo dejarse llevar…

Por eso, desde aquí todo mi apoyo, cariño, comprensión y ánimo a todos “mis paisanos” madrileños que de nuevo lo vuelven a pasar mal. Que no desesperen y que los pájaros sigan siendo los únicos que visiten al psiquiatra.

Cuando la muerte venga a visitarme, seguramente seguiré estando en el Sur, donde nací, pero hasta entonces quiero ir miles de veces a mi patria apátrida madrileña, donde viví. Pongamos que soy, que somos, de Madrid.

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LA BRISA ES MÁS FRESCA

20 de Septiembre del 2020 a las 16:39 Escrito por Jaime Aguilera

PENSAMIENTOS PARA LA TARDE CON MARILÓ MALDONADO, CANAL SUR RADIO.

La brisa es más fresca, y te acaricia la cara con una tibieza más hospitalaria.

El horizonte es un punto de fuga infinito de salitre luminoso.

Apenas hay gente, y uno sabe que no es un turista sino algo casi inaudito, un viajero en su propia casa.


El tiempo parece casi detenido, oscilante al compás del rumor de las olas, un rumor que sólo se rompe con el contrapunto perfecto de las vocecitas de Helena y Luis, que vuelven de coger cangrejos.

Por un instante no pasa nada y pasa todo.

Sí…, ya está aquí, no es una playa cualquiera, es la playa lánguida y decadente del Mediterráneo en septiembre.

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AQUEL SEPTIEMBRE

20 de Septiembre del 2020 a las 16:35 Escrito por Jaime Aguilera

PENSAMIENTOS PARA LA TARDE CON MARILÓ MALDONADO, CANAL SUR RADIO.


 Aquel septiembre llegó y no fuimos a la papelería de Paca.



Mi madre me dijo que por culpa del bichito no estaba claro si iba a ir al colegio o no.

Y recuerdo que una profunda decepción desgarró mi alma, un alma que ya había preparado mesa y mantel para el festín renovado de los olores escolares de cada septiembre: el olor a madera del lápiz nuevo que te trasladaba a un bosque legendario; el olor adictivo de la goma de borrar que hacía que una y otra vez, de manera compulsiva, te la llevaras a la nariz para aspirarla como un poseso; el olor envolvente del plástico de forrar los libros inmaculados y vírgenes, unos libros que se abrían para ti de par en par, para abrazarte con su aroma a nuevo, a mundo por descubrir…

Aquel septiembre llegó y mi madre me dijo que de momento no íbamos a ir a la papelería de Paca: y lo peor de esa extraña incertidumbre no era que no se supiera qué iba a pasar con las clases; lo peor de todo era que se estaba cometiendo un secuestro olfativo, un secuestro de un trocito de mi infancia…

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HAN VUELTO

20 de Septiembre del 2020 a las 16:28 Escrito por Jaime Aguilera

PENSAMIENTOS PARA LA TARDE CON MARILÓ MALDONADO, CANAL SUR RADIO. 

 

Han vuelto las oscuras golondrinas, en tu balcón sus nidos a colgar,

pero esta primavera se han sentido solas, revoloteando en plazas huecas de presencia, en calles inundadas de vacío, de silencio, de impotencia contenida, de rabia invisible…

Han vuelto las oscuras golondrinas, sí, han vuelto, cómo no iban a volver, pero han vuelto extrañadas por una primavera exultante, lluviosa, llena de vida…, ¿pero dónde está la gente?, y nadie les ha contestado, y han seguido revoloteando con inercia en una primavera, también, de olas solitarias, de parques cerrados y senderos abandonados…, de brisa triste y lluvia tras los cristales…

La primavera del año que viene volverán las oscuras golondrinas, en tu balcón sus nidos a colgar, pero miles y miles de almas, arrebatadas por un cuervo negro que nos ha dejado sin aliento y sin despedida…, esas…,

esas ya no volverán…

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ENTREVISTAS POR LA PUBLICACIÓN DE LA NOVELA “LA LUZ OTORGADA”

3 de Julio del 2020 a las 7:44 Escrito por Jaime Aguilera

Estos son los enlaces de las dos primeras entrevistas con ocasión de la publicación de mi cuarta novela:

https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2020/07/02/torrega-capital-costa-sol/1175905.html

https://editorialadarveblog.blogspot.com/2020/06/jaime-aguilera-la-luz-otorgada.html

Gracias a la editorial, a los medios de comunicación y, por supuesto…, a mis lectores…

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¿QUIÉN NOS ROBÓ EL MES DE ABRIL?

30 de Abril del 2020 a las 18:30 Escrito por Jaime Aguilera

Publicado en Tribuna de Diario Sur de 30 de abril de 2020

https://www.diariosur.es/opinion/robo-abril-20200430001526-ntvo.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.es%2F

 

«La vida es extraña a veces, o para ser más precisa, es extraña casi siempre». Así comienza la investigación de Petra Delicado, cuya lectura inicio en plena pandemia.Y es verdad. La vida es extraña. Llevaba meses planeando mis cincuenta abriles y de pronto todo se ha trastocado: el mundo se ha convertido en un calcetín al que se le ha dado la vuelta por completo. Es verdad, la vida es extraña casi siempre: me han robado el mes de abril, cómo pudo sucederme a mí.

Y creo que a muchos nos está sirviendo para descubrir, más si cabe, tres reflexiones que revolotean todo el día en mi cabeza alrededor de tres palabras.

 

Vida. Nuestra rutina diaria, nuestras prisas mundanas nos llevan a olvidar lo más importante: estamos vivos. La ausencia de la normalidad vital nos lleva ahora a valorar lo que dábamos por hecho. Un paseo para ir al trabajo, un café en buena compañía, un beso a una madre, una escapada para ir al cine, la salida de la Pollinica, el viaje que ya estaba planeado… Pensábamos, pensamos, que todo era, que todo es normal, que no es nada extraordinario: qué equivocados estábamos, qué equivocados estamos. Si de algo nos va a servir el mes de abril robado es para que una vez que se consigamos detener al ladrón, veamos con unos nuevos ojos, abiertos y agradecidos, la mercancía robada y recuperada: una mercancía en forma de de caminata, de café, de beso, de largometraje, de Domingo de Ramos o de billete de tren que ahora sabemos mejor que es puro oro en paño que debemos contemplar maravillados una y otra vez, porque en cualquier momento nos lo pueden robar, como el mes de abril.

Fragilidad. Se está convirtiendo casi en una obsesión. La frase hecha de «no somos nadie» de tantas veces repetida se ha quedado hueca. Es ahora cuando pensamos de verdad en esta expresión y recobra entonces toda su realidad fatal y su cruel contenido. Nuestros sueños de grandeza, nuestra vanidad de vanidades, nuestras proyecciones vitales dadas por cumplidas de pronto se derrumban al comprobar nuestra extrema debilidad en la inmensidad del universo. Y eso nos debería servir para que, ya, desde ahora mismo, antes de esperar siquiera a que nos devuelvan el mes robado, seamos más humildes, más conscientes de la fineza del hilo vital de nuestra existencia.

Dolor. Los informativos se convierten en una sopa de números y de estadísticas. Pero no son números: son miles de personas en nuestro país las fallecidas, las ingresadas en hospitales, las infectadas, miles. Miles de sanitarios los que están luchando con impotencia, con riesgo y con pundonor, miles. Miles de familiares las que no se pueden despedir de a su padre, de su madre, de su hijo metido en un ataúd anónimo en un Palacio de Hielo, miles. Y es entonces cuando nos invade ese dolor helado, agudizado por las cuchilladas de la rabia, por los disparos del miedo, por el desgarro de la impotencia. No podemos ignorar: seremos más dignos de nuestra vida presente con el mes de abril robado si en todo momento acompañamos con nuestras palabras y nuestro más profundo respeto a todos los que están sufriendo de forma tan inmisericorde. No podemos olvidar: seremos más dignos de nuestra vida futura con el mes de abril recuperado si conservamos en nuestra memoria todo este sufrimiento, todo: el de los que murieron y el de los los que han conservado la fragilidad de la vida.

¿Quién nos ha robado el mes de abril? Sabemos quién ha sido, y estoy seguro de que el destino nos lo devolverá, será entonces cuando saborearemos con más fruición que nunca las cinco letras de un mes que está lleno de vida, primavera y esperanza, porque nunca pensamos que nos lo podían robar, pero lo han hecho.

Mientras tanto, nos descuidemos el presente de una primavera que ha nacido huérfana, pero que nos conmina a sacar lo mejor de nosotros mismos para con los demás, para reconocer su esfuerzo, su dignidad, su dolor: porque justamente nuestra grandeza queda mucho más a la vista en los meses de abril robados.

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PIN, PAN, FUEGO EN LA EDUCACIÓN

13 de Febrero del 2020 a las 18:13 Escrito por Jaime Aguilera

 

Publicado en Tribuna de Diario Sur el 13 de febrero de 2020

Otra vez: nada más comenzar la legislatura se abre una guerra civil, la enésima, donde a cuenta de un pin parental que se va a implantar en la comunidad de Murcia y que nadie sabe muy bien lo que es, unos defienden el pin y otros contraatacan oponiéndose con el pan, y en medio un alumnado y un profesorado que se siente abatido por un fuego cruzado en algo tan básico como la educación.

Es de un gran cinismo político que en varios programas electorales aparece lo que la mayoría ansiamos desde hace muchos años: un pacto nacional por la educación. Pero no hay manera: en los primeros días de la andadura del nuevo gobierno la derecha exige en Murcia un pin para controlar al docente y la izquierda exige un pan que anule el pin argumentando que “los hijos no pertenecen a los padres” y llegando a pedir la aplicación del artículo 155 en la comunidad de Murcia por aplicar el pin. En definitiva un partido de “ping” y de “pong” donde la pelotita blanca no es otra cosa que algo tan básico como la educación. Así nos va.

Coincide que en la plataforma iPasen de la Junta me salta la petición para que autorice, o no, la visita de mis hijos al Archivo Municipal de Málaga (¿el famoso pin?) Y mi mujer y yo la autorizamos, porque donde más aprendí, en un colegio de curas por cierto, fue en las excursiones que hice, y porque desde aquí agradezco al equipo docente del IES Mayorazgo su esfuerzo por salir repetidamente de la rutina de las clases para aprender extramuros; eso sí, respetando a los padres que no autorizan.

Porque lo importante es copiar a nuestros vecinos de Europa que promulgan leyes educativas por encima del gobierno de turno, normas básicas que no son inmutables, que se van adaptando a la realidad, pero que se sacan de la arena política por el bien de todos. Normas básicas – de mínimos si ustedes quieren, pero básicas- con vocación de permanencia en el tiempo, que armonicen el descontrol de diecisiete sistemas educativos (no me voy a extender con los excesos que se han llevado a cabo en los colegios e institutos catalanes) y que reconozcan con mayúscula la autonomía en la gestión de los centros y la figura de autoridad, no de los grupos de wasap de los padres hiperprotectores, sino del que tiene que mandar en el aula: el profesorado. Normas que de una vez por todas otorgue a la Formación Profesional la importancia crucial que tiene y la vincule sí o sí al mundo empresarial; que se adapten a la sociedad digital pero, ojo, sin olvidar nunca formar en competencias básicas y, sobre todo, en valores mínimos y consensuados con los que quiero pensar que todos, los de izquierdas y los derechas, estamos de acuerdo.

Pues de eso nada de nada. Aquí lo importante es el pin o el no pin. Lo axiomático no importa: lo importante es decidir si la asignatura de religión puntúa o no. Particularmente soy un bicho raro: me considero católico y afrancesado, eso quiero decir que soy partidario de una catequesis, como católico que soy; pero en la parroquia, no en el colegio, como los franceses. Porque por encima de la importancia curricular de la asignatura de religión hay muchas otras cosas: no nos perdamos otra vez en las ramas, por favor.

Les digo a los del pin que dejen de desconfiar en los docentes y se centren en los importante Les digo a los del pan que no vivan obsesionados ni con la religión ni con entrar al trapo de los del pin. Les digo a los del pin a los del pan que se dejen de memeces y se sienten y no se levanten hasta consensuar un pacto nacional por la educación: cosa que, visto lo visto, tampoco va a ocurrir en esta legislatura.

Lo dicho. La educación no puede ser el arma arrojadiza para un fuego cruzado de pin y de pan. Porque todas sabemos que con las cosas de comer no se juega, ni con el pin ni con el pan.

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DEJEN DE SER IDIOTAS

15 de Diciembre del 2019 a las 9:01 Escrito por Jaime Aguilera

Publicado en Tribuna de Diario Sur el jueves 12 de diciembre de 2019.

https://www.diariosur.es/opinion/dejen-idiotas-20191212000523-ntvo.html

En la antigua Grecia, origen de nuestra democracia, se llamaba idiotas a los que les daba igual el bien común, el interés general. La palabra idiota proviene del griego ‘idiotes’ y se refiere a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados. La raíz ‘idio’ significa ‘propio’, en clara contraposición a lo que no es solo propio sino de todos, y es la misma que nos aparece en castellano en palabras como ‘idioma’ o ‘idiosincrasia’.

Pues bien, el tiempo pasa inexorablemente y da la sensación de que nuestra clase política en su inmensa mayoría sigue siendo eso, idiota: atareados y empeñados en tareas propias de idiotas, porque no piensan en lo que nos importa a todos sino en intereses partidistas y particulares, en que nos desangremos vivos en el espacio y en el tiempo. Porque parece que lo que quieren es que no muera la lucha cainita entre los españoles, bien en el espacio de su propio territorio plural y asimétrico; bien en el tiempo de su propia historia tormentosa de dictaduras, repúblicas y monarquías.

Algunos de ellos, incluso, envalentonados por la fuerza de una supuesta nueva sangre revolucionaria y regeneradora, se atreven a poner en tela de juicio nuestra Transición -estudiada y admirada en todo el mundo- y su producto más destacado: la Constitución del 78, la que nos ha proporcionado cuarenta años de prosperidad y desarrollo nunca antes conocidos -parece que se nos olvida rápidamente- y que por supuesto puede ser reformada -ella misma dedica un título a su propia reforma-, pero desde el mismo prisma desde el que fue concebida, desde el consenso propio de los que no son idiotas. Y aquí está el problema, en que esta palabra, ‘consenso’, y su campo semántico: pacto, acuerdo, convenio, concierto, trato… han sido demonizados, y así nos va.

El buen político, el que ya sabemos por la etimología que no es idiota, es el que antepone el interés general a su propia supervivencia en el poder, al sillón de turno o a la encuesta coyuntural. En este sentido, atreviéndome a dejar a un lado la idiotez para pensar no en lo propio sino en lo que nos atañe a todos, me atrevería a proponer tres asuntos para que dejen, y dejemos, de ser idiotas. Seguramente hay más asuntos, pero creo que no estaría mal empezar por estos tres.

Educación. En plena Segunda Guerra Mundial, Churchill revisó en proyecto de presupuestos del Reino Unido y preguntó porque se recortaba la partida de Educación y Cultura. Le respondieron que el presupuesto militar era ese momento lo prioritario. Con su flema británica respondió: precisamente por ello no se puede rebajar, el principal motivo por el que luchamos contra los nazis es para conservar nuestra educación y cultura. Y es que no hay duda, el mayor patrimonio y la mejor inversión de una nación es su educación. Pero como estamos rodeados de idiotas, todavía no hemos sido capaces de sellar un pacto por la educación que, como cualquier país europeo, por encima de ideologías, busque la excelencia y la formación para el empleo; que, por encima de ideologías, sirve para unirnos y para que seamos más libres, y no para pelearnos entre nosotros y ser cada vez más dogmáticos.

Pensiones. Cuando éramos menos idiotas y pensábamos más en el bien común, se ve que todavía nos quedaba algo de oxígeno consensuado de la Transición, fuimos capaces de crear el Pacto de Toledo para dar viabilidad y sostenible a un sistema de pensiones. Pero es un hecho objetivo, no ideológico ni discutible, que la situación va a ser, si no lo es ya, insostenible. Y nada, no hay manera de que los políticos se sienten en una mesa, aparten sus «idioteces» y decidan con vocación de permanencia el camino a seguir, que seguramente no gustará ni todo ni a todos, pero que debe ser pactado fuera de siglas y de ideologías.

Agua y medio ambiente. Lo vemos todos los días y a todas horas. El cambio climático es un hecho y la gestión de los recursos energéticos va a ser fundamental en el porvenir de nuestros hijos. En los futuros conflictos el motivo principal que va a estar detrás va a ser la energía y los recursos naturales: el agua cada vez más escasa será la que nos lleve a darnos garrotazos unos a otros. Es fundamental por tanto un pacto nacional por el agua y el medio ambiente, pero nada, no es posible: ahí seguimos, pueblos, comarcas, comunidades, regiones, mancomunidades, nacionalidades… todos contra todos, como idiotas, y sálvese quien pueda…

En definitiva, un ruego reiterado una vez más desde esta humilde tribuna, una petición que una vez más caerá en saco roto, pero que no por ello me va a hacer callar: no pierdan más el tiempo y póngase a trabajar de una vez por todas en lo que de vez nos importa a todos; abandonen, por favor se lo pido, al menos por unos años, sus propios intereses; es decir, sean por fin políticos y dejen de ser idiotas.

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