PASAJE A LA INDIA

3 de Abril del 2009 a las 13:30 Escrito por Jaime Aguilera

Había que verla. Llega un momento en que cuando todo el mundo lee un libro, o ve una película, o, como en este caso, ha sido la triunfadora indiscutible de la noche de los Oscar, no tienes más remedio que verla, aunque sólo sea para poder denostarla con conocimiento de causa.
En el caso de “Slumdog millionarie” se puede criticar su final, que no voy a desvelar para quién no la haya visto; o su extraña fotografía, de la que uno en algunos momentos duda si el hecho de que sea tan mala ha sido a propósito o sencillamente una casualidad. Por cierto, una precisión: si veo la película en versión original es lógico que se me presente el título en la misma versión, la original. Pero de la misma forma que cuando hablo en castellano digo “Londres” y no “London”, si la versión que voy a ver es doblada, el título, en lógica consonancia, debería ser también doblado; con más o menos fortuna (hay ejemplos dignos de estudio), pero doblado.
Sea como sea, en mi caso tengo que reconocer que me mantiene pegado a la silla todo el tiempo que dura la proyección; es más, el largometraje parece más bien un mediometraje por la sensación de que el tiempo ha pasado muy rápido. Y eso, en los tiempos que corren, es todo un éxito.
Recuerdo que hace muchos años devoré con pasión otra historia de la India: era la novela de Lapierre “La ciudad de la alegría”. Después de terminar su lectura uno quedaba sobrecogido con historias de la más absoluta de las pobrezas, uno quedaba sobrecogido al darse cuenta del privilegio con el que contamos los que vivimos dignamente en un país occidental, y del que la mayoría de las veces no somos conscientes. Igualmente cuando se encienden las luces, después de terminar el número musical de Bollywood con el que concluye la película, uno tiene las mismas sensación que con el libro que he citado, y uno entiende la frustración de algunos de los actores cuando se han tenido que enfrentar de nuevo a su vida en Bombay, después de un breve sueño americano.
La India no deja indiferente, la mayor democracia del mundo provoca odios y amores, sentimientos todos que invitan a un viaje radical hacia lo diferente, pero para eso, como rezaba otra película, hay que tener  “Pasaje a la India”.

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