ABUELAS SIN CAPERUCITA

16 de Abril del 2009 a las 12:38 Escrito por Jaime Aguilera

Ya está muy visto aquello de que la realidad supera a la ficción, pero es que no por ello deja de ser menos cierto. Y si no que se lo digan al abuela de noventa y ocho años que ha sobrevivido al terremoto brutal de la ciudad italiana de L’Aquila. Si cobraba alguna ayuda por dependencia, desde luego si ha demostrado algo con creces ha sido su independencia: más de treinta horas atrapada entre los escombros de su casa; treinta horas en las que, al parecer, se dedicó básicamente a hacer labores de punto. Cuando la rescataron manifestó con total sosiego que no había pasado miedo, quizás por aquello de que a su edad ya no asusta que cualquier día venga el de la guadaña.
 Por otra parte, acaba de morir en la barriada marginal sevillana en la que vivía, María Díaz Cortés, más conocida como la “abuela del Vacie”. María ha muerto a los 117 años. Nació en Granada en 1892: quiere esto decir que nuestra longeva protagonista nació con la regente María Cristina y ha muerto con su bisnieto Juan Carlos I peinando canas: en mitad Alfonso XIII, Alcalá Zamora, Azaña, Negrín, Franco; y una guerra civil y dos mundiales de postre. María decidió mudarse a Sevilla para seguir haciendo de canastera en la Exposición Iberoamericana de 1929. Desde entonces, ni un día ni dos: más de cuarenta años entre chabolas, mierdas, ratas y demás exquisiteces de la barriada de El Vacie.
Si pasamos de la realidad a la ficción, si otorgamos a estas dos abuelas de verdad, aunque parezcan de mentira, el papel de una abuela de mentira como es la del cuento de Caperucita Roja, aunque esta última parezca más de verdad –al menos más normalita- que las dos primeras, los resultados podrían ser curiosos.
Posiblemente ni Caperucita ni el Lobo hubieran llegado a la casa de L’Aquila, o hubieran sido una víctima desgraciada más o ni siquiera hubieran ido por miedo. Eso sí, nuestro héroe sería el leñador, que es quien finalmente rescata a una abuelita a la que, después de treinta horas, le ha dado tiempo a tejer tres caperuzas de lana que parecen un semáforo: una roja, otra amarilla y otra verde.
Posiblemente tampoco ni Caperucita ni el Lobo hubieran llegado a la chabola de El Vacie. A la primera su madre le había prohibido llevarle el pastel a la abuela mientras viviera en aquel infierno; y el Lobo había sido apresado y adiestrado para combatir en una pelea de perros con apuestas ilegales. El leñador, el pobre, no tuvo opción de salvar a nadie porque le habían robado el cinturón, el sombrero y el hacha.

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138 Comentarios

  1. Fernado Correas dijo:

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