THE LONG ROOM

19 de Mayo del 2010 a las 9:55 Escrito por Jaime Aguilera

Hace algún tiempo me regalaron el libro “Mil lugares que visitar en el mundo antes que morir”. Naturalmente, para visitar el millar de sitios hay que tener una buena cartera…, tan abultada que permita alojarse en los hoteles más caros y comer en los restaurantes más exclusivos, amén de tener un odioso espíritu japonés a la hora de ir tachando una lista subjetiva confeccionada por un norteamericano rico y trotamundos.

En el caso de Dublín aparece reseñado el llamado libro de Kells. No digo yo que no sea una maravilla visitar el Trinity College, no digo yo que no merezca la pena ver la decoración amanuense de este manuscrito medieval…

Pero si me tengo que quedar con algo del Trinity yo me quedo con su antigua biblioteca. La única pega es que se ve que muchos piensan como yo, y no se puede casi ni andar por culpa de los turistas que merodean –que merodeamos- por esta sala.

Un cuarto de millón de libros de más quinientos años me contemplan. Un olor a papel viejo y a madera bruñida me abraza con hospitalidad silenciosa. Ejemplares y pergaminos que han sido vistos, tocados y olidos por reyes y rebeldes de la accidentada historia de Irlanda; que han sido saboreados por escritores y científicos, por estudiantes y por curiosos.

Tantas palabras impresas, y tanta sabiduría callada, hacen que se desprenda de mí un sentimiento ambivalente y agridulce: por un lado, la sensación de impotencia por no poder destilar tantas páginas que esperan pacientes los dedos de tu mano; por otro, la sensación de ignorancia supina de lo poco que uno ha leído, de lo ralo de nuestro aprendizaje vitalicio.

Me resisto a ser un turista más que atraviesa el pasillo central de la “Long Room”; me resisto a ser un turista más que se limita a ver el arpa más antigua de Irlanda, el que aparece en las monedas de euro. Y como no esta permitido coger libros, no se me ocurre otra cosa que sentarme en una esquina y sacar mi viejo ejemplar de “Dublineses”. Es ese rincón barnizado de madera antigua y códice, en ese rincón protegido por tan imponente bóveda bibliófila, donde comienzo a leer el melancólico cuento “Un triste caso”.

Categoria: Artículos |

170 Comentarios

  1. Fernando Correas dijo:

    las personas huyen del papel para almacenar sus recuerdos y la sabiduría se digitaliza.
    Me he dado cuenta que tengo fotos de cuando tenía meses pero las primeras fotos que grabé en un cd digital ya no las puedo ver…. no se si tendremos esas grandes bibliotecas en un futuro, pero si no hacemos algo este holograma de sabiduría desaparecerá
    UN DEFENSOR DEL PAPEL Y EL PERGAMINO.

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